Treinta (y dos que me están sobrando)
Y a los TREINTAYDOS descubrí que ir al psicólogo hace parte de la crisis de los treinta. Mi pregunta es: Será la crisis de los treinta lo que me hace ir al psicólogo, o será que el psicólogo es lo que me hace sentir en crisis? o serán los treinta (y dos) los que me mandan en crisis y a su vez donde el psicólogo?
Y yo que pensé que cuando uno crecía se llenaba de respuestas… Lo único que se llena es de preguntas para hacerle a su psicólogo, el cual, con aire profesional te responde que eres tu el que se tiene que responder a cada pregunta, y entonces a uno le nace la duda de que esa platica es mejor gastarla en choricito a la salida del estadio, pero que qué pesar que aquí no vendan chorizo y que el estadio quede tan lejos.
Será que a mi psicólogo le gustaría el chorizo?
Todo sucede en el oleaje de la memoria:
palabras que fueron dichas pierden su esplendor,
de las sonrisas desaparece esa boca,
el amanecer ocurre todavía pero nadie lo
espera ya,
su cuerpo es igual a otro cuerpo,
muere la ausencia, ese insaciado apetito
que acompaña,
el teléfono no trae su voz y poco importa.
se apaga la luz que iluminaba la escena
y hacía brillar las mesas y los ojos.
Es el olvido, puerta siempre abierta
que nadie sabe cuándo se atraviesa.
Ocurre un día y comienza entonces el recuerdo,
lenta mirada sobre territorios muertos
“Tezetayé antchi lidj” (baby, my unforgettable remembrance)
Mulatu Astatke
Oye, te hacen falta vitaminas!
Creo que en este momento, el único modo para darse cuenta del paso del tiempo, es la fecha de caducidad de las vitaminas.
En los frascos de vitaminas llevo la cuenta de la edad, de las cosas que han pasado, de las cosas que he perdido y las que he vivido. Cada frasco representa un período, un matrimonio, un viaje, un trabajo.
El médico, después de todo, tenía razón. De los 30 años en adelante, es mejor no dejar de tomar vitaminas. Sería dejar de llevar la cuenta de mi vida.
Como bien dice Gustavito en su canción:
“…Oye! te hacen falta vitaminas (vitaminas, uh uh)
Oye! te hacen falta vitaminas ( uh uh)
Oye! te hacen falta vitaminas (vitaminas, uh uh)
Oye! te hacen falta vitaminas, minas, minas, minas
He!”
ROME SWEET ROME
Hoy, en el autobús, mientras afuera lloviznaba y toda la gente como enloquecida, buscaba motivos diferentes para agredir de cualquier manera su vecino, me dí cuenta de verdad, que si, estoy de vuelta en Roma.
Esta ciudad que hace rato se le acabó el respeto, se le olvidó la paciencia que se necesita para convivir en armonía. Dejó de creer en la generosidad, la del espacio, la de un saludo, la de una sonrisa, la de ayudar. Dónde la vida se vive mal, se vive con rencor, con rabia. Se olvidó mirar al cielo, caminar despacio, responder a una sonrisa.
Una ciudad donde la belleza del coliseo es solo un asunto de turistas. y el Coliseo de los nocturnos? de los no turistas? quien lo mira?
De vuelta a una ciudad que se ha empeñado por no hacerse parte de mi. Una ciudad que se promete con su belleza pero no se entrega.
Y entonces por que no te vas? me preguntan a menudo.
Por qué no me voy? me pregunto yo.
Tal vez por que dejar una vida para crear otra, es algo que nunca me enseñaron. Y aunque esta vida caprichosa me haya tenido re inventándola un par de veces o mas, estoy cansada a este punto de la subida. Necesito descansar. Recuperarme de varias heridas, que juntas forman un dolor que ahora no sé como aliviar. Necesito cuidarlas.
Qué le digo a una vida nueva? cómo le explico que no sé como empezarla, que no sé cómo tejerla? Que me quedé sin fuerzas? sería una vida irresponsable y con bases débiles.
Necesito hacerme fuerte otra vez. Por eso, me sigo quedando por ahora.
necesito que mi guerrero esté listo para mas batallas.
Y así, sigo viviendo en esta ciudad, tratando que mi sonrisa siga intacta, siga viva.